jueves, 15 de enero de 2015

Kalinka - Canción tradicional rusa

Es pequeño.

No sé cuántos años tiene porque no sé calcular edades de niños. Pero Mario, el más chiquito del grupo de peques del campamento, cumplió allí los cinco. Y él es más pequeño que Mario.

De todas formas, da igual. Porque no tendría cinco años aunque los tuviera.
Es pequeño, es muy pequeño, pero no es un niño.

Es un flequillo castaño rectísimo, un puñado de pecas y unas manos prematuramente ásperas. Y unas zapatillas con las suelas gastadas, un jersey de lana y la sonrisa más muerta de Estambul.
Es un acordeón que lloriquea entre sus dedos, y una cazuelita con tres monedas frías.
Es esa música rusa que suena triste precisamente por ser demasiado alegre.
Es un cártel que dice "Give me for food, sir"
Y unos ojos negros.
Y es pequeño.
Pero no es un niño.

No es un niño. Qué va.
Cómo va a serlo si ya sabe sonreír de mentira, si ha olvidado como se sueña sencillo.
Si tiene más vida entre sus dedos que yo en todos mis cuadernos de notas.
Si sus ojos miran triste cuando canta.

No es un niño, pero es pequeño.
Muy pequeño.


Estambul, 2014




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