Él se giró y la vió allí parada en medio de las olas, con el agua por las rodillas y cara de querer meter las manos en los bolsillos. Había dejado la sonrisa en la arena junto a la camiseta y las zapatillas.
La vió allí parada en el infinito y le pareció más frágil que nunca. Más pequeña y más blanda, más niña y la vez más mayor. Le pareció de pronto profundamente adulta. Y eso le entristeció un poco.
Abril miraba el agua, que subía hasta cubrir la mitad de sus muslos y volvía a bajar, regularmente. Acariciaba el mar con la punta de los dedos. Él la miró y pensó en lo mágico que era que alguien pudiera acariciar el océano entero con la yema de los dedos de una mano.
Ser capaz de sentir dos tercios de la superficie terrestre en unos pocos centímetros de piel.
-Saúl - insistió
Había sacado los ojos del mar y lo miraba a él, fijamente.
Gris niebla y marrón miel. El mundo se equilibra un poco cada vez que unos ojos que preguntan encuentran unos ojos que responden.
Saúl la miró y preguntó. Y Abril contestó. Con una sonrisa fría naciendo en los labios y los dedos acariciando el océano. Enterrada en agua hasta las rodillas.
Abanicos. ¿Por qué mover el aire hace que esté más frío?
Traer y llevar, ir y venir. ¿De verdad es tan importante para el mundo saber si yo estoy o no en el lugar al que se desplazan los objetos y las personas?
Lapidación. ¿Cómo una palabra tan bonita puede significar algo tan tremendamente horrible?
Felicidad. ¿Es normal que se me atasque un poco la lengua al pronunciarla?
Nieve. ¿Por qué es blanca?
A veces hay cosas que pasan por encima de todos mis esquemas y me revuelven los apuntes. Cosas que se esconden en una esquinita, en algún lugar perdido de mi mente donde casi siempre llueve y solo es primavera uno o dos días al año. Y no las entiendo.
Por ejemplo.
El saque de mano baja de voleyball. ¿Por qué después de 5 años aún no soy capaz de hacerlo bien?
Dinosaurios. ¿Por qué se extinguieron en lugar de transformarse en dragones?
Árboles. ¿Cómo hacen para comer cuando se les caen las hojas?
Palomitas de maíz. ¿No es acaso magia que haya algo tan blanco y tan blando dentro de algo tan pequeño y tan duro?
Hay un puñado importante de mundo que de verdad que se me escapa.
Quizás porque brilla demasiado rápido.
Quizás porque gira demasiado fuerte.
O viceversa
Por ejemplo.
Yo.
¿Por qué no puedo parar de morderme las uñas? ¿Por qué siempre tengo hambre? ¿Por qué me duele el oído derecho cuando empieza el frío? ¿Por qué me gusta la Navidad si no me gusta la Navidad? ¿Por qué ya no me acuerdo de lo que sueño? ¿Por qué nunca soy capaz de elegir bien a la primera? ¿Por qué me da tanto miedo todo?
A veces pienso sobre ese porcentaje del universo que no entiendo, sobre si se estará haciendo más grande a medida que yo también lo soy, o si he conseguido reducirlo un poquito. Sobre qué preferiría que pasase. Sobre qué es mejor y qué me haría más feliz. Sobre por qué esos dos conceptos casi nunca van juntos. Lo mejor y lo feliz.
Y no sé. No suelo llegar a ninguna conclusión.
Y creo que tampoco me preocupa demasiado.
La música no tiene absolutamente nada que ver con el texto. Nada de nada. Pero hace unos días vi "Inside Llewyn Davis" y llevo todo este rato con la canción en la cabeza. Y es que es bonita.
Ella llevaba un gorro de paja viejo que habían encontrado el día anterior semienterrado en la arena y que aún olía a mar. Escribía con esa letra apretujada que tanto había intentado corregir su profesora de primaria, en un cuaderno verde pequeño. Las páginas estaban algo húmedas y el lápiz empezaba a quedarse sin punta.
Él conducía felizmente tranquilo.
Cuando llegaban a un cruce, él paraba a un lado de la carretera y ella levantaba la vista del cuaderno. Y desplegaban un mapa enorme de colores. Cruzado de líneas rojas y amarillas que bailaban alrededor de la mancha azul irregular del centro. Desplegaban el mapa, juntaban las cabezas y seguían la línea amarilla con el dedo hasta el cruce y dejaban los dos dedos ahí, juntos.
Y entonces decidían qué camino cogerían. Y era fácil porque siempre estaban de acuerdo.
Cerraban el mapa y él arrancaba el coche y tenía que hacerlo varias veces porque el motor ya contaba varios veranos de más.
Y ella silbaba entre dientes y abría el pan y lo untaba de mermelada de melocotón. Y merendaban con el viento en los labios y las pupilas fijas en el camino. En algún punto impreciso entre la tierra y el mar.
Que no tiene patria, que le sobran la mitad de las cosas que tiene, que el dinero es un invento del Corte Inglés. Que para qué quieres móvil habiendo timbres para llamar a las puertas.
Una piensa que no necesita techo, ni cocina, ni un sofá grande, ni un jardín en el que pasar las mañanas los domingos, porque basta con una mochila en los hombros y sonreír.
Una piensa que el mundo es pequeño y fácil.
Que la vida es corta y brilla.
Que al final, nada es para tanto.
Y una está bastante segura de tener razón.
Hasta que un día, gira una esquina con la mochila en los hombros y el inicio de una carcajada en los labios y le llega el olor a castañas asadas.
Y aunque Octubre no ha hecho más que empezar, una nota que hace un poco más de frío.
Y aunque Skopje está esperando a que ella descubra su bazar y su río y sus puentes de piedra, una deja la mochila en el suelo y se acerca al vendedor a pedir, por favor, una castaña.
Una sola.
Y el vendedor, que tiene los ojos azules, el pelo gris y una sonrisa seria preciosa, asiente, y coloca entre sus dedos un puñado de calor color marrón.
Y una se sienta en un banco mirando en silencio ese pedacito de Navidad que aún humea.
Sintiendo cómo la libertad le quema las yemas de los dedos.
A veces tengo miedo. La mayoría de las veces, si te soy sincera.
A veces tengo miedo de la muerte, como supongo que a la mayoría de vosotros, pero sobre todo temo la vida. Mucho.
Me da miedo vivir.
Especialmente me da miedo la parte viva de la vida. La parte de la cuerda floja y el salto al vacío, la de los ojos cerrados y el equilibrio sobre la punta de un dedo. La de ahora o nunca. La de verdad.
Me da miedo vivir de verdad. Vivir de cara y con todas las consecuencias. Me da pánico.
Es profundamente triste eso.
Normalmente consigo esquivar ese miedo haciendo cosas poco valientes. Moviéndome en esa línea finísima entre la cobardía y la prudencia. Sonriendo pequeño y manteniendo siempre un pie en el suelo. Incluso cuando corro. Tuve que dejar de volar para conseguir esto último, pero no me importó. Creo que porque no me di cuenta de que había dejado de hacerlo. Porque olvidé que cuando más seguro te sientes es cuando estás jugando a todo o nada.
Así que hice el doctorado en empates, en tablas, en amistosos. Me especialicé en nada.
Y me iba bien.
Al menos, no notaba lo mal que me iba.
He encontrado esta lista en internet. Que está inspirada en otra lista que parece ser que está inspirada en una lista que hace Woody Allen en una película que no he visto.
Y mira, a mí me gustan las listas. Mucho bastante.
Así que he hecho la mía
Cien razones por las que vivir
Dos puntos
El olor a verano
Los perros grandes
Las gotas de lluvia que hacen carreras en los cristales del bus
La sorprendente relación entre llamarse Joaquín y molar. (Joaquín Sabina, Joaquín Sorolla, Joaquín Rodrigo, Joaquín Reyes, Quim Gutierrez, Quino, Joaquín Blume)
La Luna cuando sonríe como el gato de Alicia
Los helicópteros, los aviones, el paracaídas, todos los intentos del hombre por volar
Las personas que dedican su vida a mejorar la de los demás
Las pecas
Las abuelitas arrugadas, pequeñas y sonrientes
Los niños felices
Tiramisú
Ana María Matute, con su cara de niña nerviosa, y su voz de anciana afable, suplicando "Si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado".
El corazón. Esa máquina perfecta incansable e ingobernable que distribuye sangre por tu cuerpo constantemente para que tú puedas seguir haciendo tus cositas
La gente con pelo afro y la gente calva
Las acuarelas
Cruzar dos miradas y una sonrisa con un desconocido
Saber que existieron los dinosaurios y que puede, por qué no, que vuelvan algún día
Esa gente que se tira a las vías a salvar a desconocidos anónimos
El fuet
Los malabaristas
Jim Carrey
La palabras cortas y las palabras muy largas. Combinarlas. Como hace un momento, fuet y malabaristas
Macaco, el Niño de la Hipoteca, Bongo Botrako, las batukadas
Los bolígrafos Pilot
Las auroras boreales, las playas del caribe, los fiordos de Noruega, las Cataratas Victoria, imagino
Los gorros de lana con pompón
Un río muy frío al final de una cuesta muy larga en un día muy caluroso
La fotografía, la pintura, la escritura, esa necesidad del hombre por representar el mundo
Las sandías de gominola
Abrazar
Pasar horas y horas hablando. Con la espalda apoyada en la pared y los ojos en el suelo o en las estrellas. Que la Tierra gire y tú no tengas nada más importante que hacer que dejar pasar la vida.
Comer lo que tú has cocinado
Cuando hace mucho mucho viento, y si miras por la ventana es como si el mundo hubiera decidido empezar a girar millones de veces más rápido alrededor del Sol. De repente.
Momo, Atreyu, Jim Bottom y Lucas el maquinista, el universo de Michael Ende
Las galletas de la fortuna japonesas (o chinas ,ahora mismo no sé muy bien de dónde son)
Cuando vas en tren y te cruzas con otro tren y si pegas la cara al cristal puedes ver la vida pasar ante tus ojos
El primer día de pantalón corto
La gente que cuando se despide dice "cuídate" o "suerte"
Que nos dé asco comer saltamontes pero no langostinos
Las plantas esas que si soplas puedes pedir deseos
Las sámaras, semillas de nosequé árbol que vuelan como alas de helicóptero
Que cada persona tenga una letra distinta pero todas se entiendan (más o menos)
No tener alergia en primavera, que no te piquen los mosquitos en verano, no constiparse en invierno
Que a alguien le suene el móvil y aún así prefiera escucharte a ti
Ese dolor feliz que son las agujetas
Ver una estrella fugaz a la vez que otra persona. Cuando los dos señaláis al cielo a la vez diciendo "mira"
El olor a seco mojado
Nessun dorma de Puccini, cantado por alguien que cante bien. Pero no necesariamente super bien, porque tampoco hace falta. Porque lo mágico de esta pieza son los violines del fondo.
La tortilla de patatas con cebolla sin hacer del todo
Cuando subes a un autobús que siempre va vacío y sabes que serás el único pasajero de la línea, y el conductor también lo sabe. Y es como si condujera (qué palabra más fea) sólo para ti
Los cuentacuentos y los magos. Vivir un ratito en Fantasía
Que después de un millón de años, el ser humano aún siga investigando sobre él mismo. Y que aún no tengamos ni idea. Lo complejísimos que somos
La escena de la pelea de bolas de nieve en "La ladrona de libros" Y cuando Max sale a la calle en medio del bombardeo, jugándose la vida para ver las estrellas un ratito.
Los villancicos y las canciones de campamento. Y las de misa. Sí.
La coca-cola con hielo y limón, en un vaso y al sol. Y con calma
El día que Eduard Punset dijo "el mayor científico de la actualidad es un señor que fue capaz de darse cuenta con solo miraros de que hay una gran diferencia entre vosotros, y los crustáceos" y yo estaba delante. No recuerdo cuál era la gran diferencia.
Que haya seres humanos adultos capaces de creer que hay extraterrestres que visitan la Tierra pero no que Neil Amstrong llegara a pisar la Luna
La lluvia.
Y la poesía que hay en el hecho de que "llorar y llover", "plorar i ploure" suenen tan parecidas.
Esa mezcla de miedo, nervios y alegría que aumenta a medida que se acerca un día importante.
Los libros. Especialmente los que tienen historias dentro.
tomarte tu trabajo tan en serio que llegues a dejar de dormir literalmente por él, esforzarte por hacer cada pequeña cosita que hagas lo mejor que puedas, y admitir que te equivocaste cuando lo hagas, pero también felicitar a quien lo hizo bien. Aprender a ser profesional.
el día que pasamos disfrazados de indios, desde que Ángel me bautizó en el desayuno como "Pelo de Nube" hasta que salió la Luna amarilla y redonda desde la orilla del lago en medio del silencio
ese momento en el que dejas de ser tú y te conviertes en monitora de alguien. La enorme responsabilidad de que alguien pequeñito dependa de ti, de ti que en el fondo tampoco eres tan grande. Cuando te cogen de la mano y te preguntan qué haremos mañana, cuando les abrazas porque no sabes muy bien cómo hacer que dejen de llorar, pero te duele que lo hagan, cuando les obligas a acabarse la lechuga, cuando te dicen que se han divertido contigo, cuando sabes que les echarás de menos.
disfrutar del aquí y el ahora de forma sencilla, sin filosofías baratas raras, simplemente viviendo, bailar, cantar, gritar y sonreír mucho, que no te avergüence ser feliz. Que te llene tanto lo que haces que no quieras dejar de hacerlo. Que vivas de lo que te hace latir.
"si te gusta, no es trabajo" O algo así, eran las 2 de la mañana y tenía sueño. Pero Javi resumió lo que él pensaba de las cuerdas y de la vida en seis palabras y acertó bastante.
dicen que dicen y cuentan que cuentan que nunca se es suficientemente mayor como para dejar de escuchar cuentos antes de dormir, que siempre habrá un truco de magia que nos deje boquiabiertos y un juego de malabares que nuestros ojos no lleguen a comprender
"eres mágica" y sus pequeñas manitas sujetando la manualidad que le había ayudado a terminar, y sus ojos azules fijos en los míos y su sonrisa bañada de admiración.
que nunca sobran los abrazos, que siempre hay tiempo para sentarse en el suelo con la espalda en la pared a escuchar al otro, que el miedo a la oscuridad es realmente pánico a la soledad
enseñar a 250 futuros adultos que Colón no descubrió América sino que llegó a ella, que no les enseñó a hablar y a escribir, sino a hablar y a escribir en castellano, que la historia no es de quien la hace sino de quien la cuenta. Y que la gente que tienes alrededor esté de acuerdo en que es importante enseñarles eso.
y que el cuento del príncipe y el mendigo acabe con un príncipe que abdica y un mendigo presidente de la República. Y que diga Mark Twain lo que le de la gana, si quiere.
la noche que fui Rolanda Hooch, profesora de vuelo, el día que fui Peumayén, guerrera de la tribu Quetzal, la mañana que fui Afrodita, diosa griega de la belleza, el ratito que fui Justo, el hijo del príncipe de "El Príncipe y el Mendigo", la hora y media que fui el viento, sin más, el día entero que fui "Pelo de Nube". Disfrazarse y dejar de ser un ratito tú, o al menos intentarlo.
es cierto que cada uno tenemos nuestro pequeño don. Que cada niño tiene una inteligencia única en algo. No he visto a nadie coger bichos como Saúl, a nadie explicar el mundo tan sencillo como Dani, a nadie sonreír tan pequeñito como Aitana, a nadie que adivinara mi estado de ánimo como Victor, bondad como la de Bosco,energía como la de Adrián, imaginación como la de Ángel, libertad como la de Nahia. Tampoco conozco muchos que recorten y pinten peor que ellos.
que alguien te acoja y te cuide y te enseñe. Porque sí. Sin que se lo hayas pedido, sin esperar ni recibir nada a cambio. Que tras cada error tuyo, vuelva a explicarte las cosas. Sin dejar de sonreír en quince días. Que se esfuercen al máximo en que tú seas feliz con ellos. La descripción del equipo perfecto. Gracias Javi, gracias Ainhoa, gracias Joze, gracias Miguel. Gracias David.
que ocho pequeñas confíen en ti tanto como si fueras su madre, su profe, su hermana, su amiga y su todo desde el primer día. Que esperen despiertas a que les des las buenas noches, que se hagan las dormidas hasta que llegues tú a despertarlas, que te quieran. Sólo porque has tenido la suerte de ser su monitora de habitación.
que no importa que llueva, si estoy cerca de ti.
No sé si es la canción del verano, pero era la canción del campamento