lunes, 16 de septiembre de 2013

Do as I want - Smile (Segunda parte)

Cada año hago una lista de cosas que quiero hacer en verano. El verano son muchos días pero pasan rápido, por eso apunto lo que quiero hacer, y lo que he hecho. Y el primer día de curso, hago balance. Este año, me ha salido una lista nueva.

Cosas que no pensaba hacer este verano: 
(y que me alegro de haber hecho)

-Ir a Málaga
-Aprender a hacer rastas
-Inscribirme en el registro de donantes de médula ósea
-Montarme en el "Salto del especialista" y en la lanzadera en la Warner.
-Conocer a Joaquín Sabina
-Abrazar a Albert Espinosa
-Celebrar mi cumpleaños
-Entrenar con Victor García
-Correr con Chema Martínez. El tiempo que mis pulmones y mis piernas le aguantaron el ritmo.
-Despedirme de un imprescindible
-Correr 9km sin parar y sin fallecer al final.
-Descubrir que la carrera que estudio es la carrera que quiero estudiar.
-Escribir una lista de cosas que no pensaba hacer este verano.

martes, 3 de septiembre de 2013

... - Alondra Bentley

He pensado en cuando nos encontrábamos el primer día de colegio. Con la mochila vacía y los zapatos todavia limpios. Con unos pantalones cortos recuerdo de las vacances ya pasadas.

Llevábamos todo el verano viéndonos. Perdiéndonos y encontrándonos entre las calles y la playa. Cruzándonos de vez en cuando. Aburriéndonos de sentirnos libres.

Pero llegaba ese segundo lunes de septiembre, y ese madrugar frío y de pronto extraño,
y éramos nuevos otra vez.

He pensado que era bonito. Que me gustaba bastante.
No llegábamos juntos. Normalmente tú llegabas antes y yo, bueno, yo siempre llegaba tarde.

Y nos encontrábamos. Nos encontrábamos como por primera vez y nos mirábamos y era como si nos sorprendiéramos de vernos. Como si nos alegráramos de re-conocernos de nuevo.

He pensado en ese año que llegamos casi al mismo tiempo y nos encontramos antes de llegar. Entonces  aún era verano.

Creo que todo lo que pasó aquel año, fuera lo que fuera, ocurrió porque tú y yo nos encontramos en el camino, vestidos de colegio, pero antes de la hora. He pensado que es posible que ese desajuste raro fuera la causa de tsunamis, terremotos, ciclones y tornados. O, yo qué sé, quizas no.

Pero podría ser. Porque recuerdo que aquel día, cuando nos encontramos antes de entrar, cuando entramos juntos, cuando nos abrazamos y nos sonreímos con una insólita timidez, aún éramos nosotros .

Y eso suele cambiarlo todo.

sábado, 27 de julio de 2013

I want to break free - Queen

Quiero volar.

Volar alto, por encima de todo y de todos. Volar lejos. Recorrer el universo flotando en el aire, y quizás no volver a aterrizar nunca.

Volar, pero no en avión, no saltar en paracaídas, no tirarme desde un sitio alto.
Volar, pero no en bandada como los pájaros, no movida por el viento como las hojas, no sin rumbo.

Quiero volar. Sueño con volar. Como voló Freddie Mercury aquella noche en Wembley. Brillantemente amarillo, brillantemente libre. Volar como vuela Usain Bolt, como volaba Joaquín Blume. Desde las anillas al cielo. Ser eternamente grande.

Despegar los pies del suelo y envolverme en aire durante unos instantes. Son pocas las veces que he logrado volar así. Volé bastante alto la primera vez que doné sangre y descubrí que no es tan difícil como imaginaba, que es más precioso de lo que había soñado. Volé los 17 días cortos en los que recorrí Senegal junto a otros 99 pequeños voladores madrileños. Y decidí que quería dedicar el resto de mis segundos a volar a pie con el mundo a cuestas.

Levito suavemente al principio de cada carrera, pero vuelo altísimo cuando llego a la meta. Cuando corro al máximo de mis fuerzas, cuando logro que el corazón se desboque, cuando agoto mi cuerpo. Cuando llueve y corremos a escondernos del cielo, cuando no encuentro el final del mar. Cuando lloro de emoción. Cuando río de felicidad.

Volar es lo más grande que nadie ha hecho nunca, por eso sueño con volar. Con encontrar esa sonrisa perdida que compita con la Luna en deseos cumplidos, con cantar a gritos mis canciones favoritas, con que alguien llore cuando lea lo que escribo, con despertar con un perro gigante durmiendo a los pies, con dormir contando estrellas. Con hallar por fin esa pizca de magia blanca que todos buscamos. 
O quizás, con no encontrarla nunca y seguir buscando, volando.


Quiero volar. Porque volar, ante todo y sobretodo, es estar vivo.

Texto participante en el concurso "Discovery Underground Madrid2020"

jueves, 20 de junio de 2013

El rocanrol de los idiotas - Joaquín Sabina

Yo quería decirle me encantan todas tus canciones. Todas menos "Eh, Sabina", esa la odio porque no me gusta que fumes y te drogues. Quería decirle es precioso que regales la llave de tu casa a todos tus amigos. Me encanta Jimena. Cuídala. Ojala se cumpla todo lo que deseas en "Noches de boda" ¿De verdad Carmela es tan adolescente quejica como cantas? Desde que te juntas con Serrat, te estás volviendo aburrido. Quería explicarle que, a veces, lloro un poco cuando escucho "Que se llama Soledad". Decirle te admiro. Estás muy flaco. Cuídate. Podrías haber avisado, que casi no vengo. Tengo una frase tuya escrita en la mesa. Dice "y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido". Es bonita y triste y alegre a la vez. Gracias por hacerme conocer a Chavela. Y a Krahe. Y a Fito Paez. Decirle "A la orilla de la chimenea" es la segunda canción más preciosa del mundo. La primera la tiene Quique González. Pero no te preocupes, tú eres más grande. Eres gigante. No mueras nunca, por favor.

Yo quería decirle todo eso. Y sonreír y que sonriera. Y quería ¿por qué no? ver algún día algo escrito sobre mí y firmado por Joaquín Sabina.

Así que compré el más barato de sus libros y me puse a la cola.

Cuarto de hora después, estaba delante de unas gafas de sol marrones, un sombrero de paja, un cigarro, un polo marrón y un wisky on the rocks. Debajo de todo eso, el Flaco. Fue entonces cuando descubrí que no iba a ser capaz de decirle nada de lo que quería decirle. Pensé ojalá sea capaz de decirle mi nombre.

-Hola -este es el señor Sabina, que aunque sea Dios, saluda como todos los señores.
-Hola -esta soy yo muy concentrada en sonar tranquila y acostumbrada a saludar a mis ídolos.
-¿Cómo te llamas? - coge el libro y lo abre, prepara el boli, fuma.

Silencio. Organizo lo que quiero decir hasta que formo una frase casi coherente.

-MarinaeresgrandeJoaquín -eso le dije, muy bajito, y después respiré.

Y después me sentí idiota, para qué os lo voy a negar, a estas alturas.
Entonces él levantó la vista y me miró.
Y dijo:

-Marinas hay pocas, pero buenas.

Y sonrió, y sonreí. Firmó. Y yo dije gracias, y me fui.
Y volví levitando a casa.


sábado, 1 de junio de 2013

Do as I want - Smile

Cosas para hacer este verano:

-Escribir.
-Cenar en la playa.
-No morderme las uñas.
-Comer helado de avellanas.
-Aprender a tocar "Que tinguem sort" con la guitarra.
-Ir a Marruecos.
-Dedicar una tarde entera a no hacer nada, con la gente que quiero.
-Hacer una caja de "Cosas que me recuerdan a cosas"
-Hacer fotos.
-Dormir mirando las estrellas.
-Hablar mirando la Luna.
-Ver amanecer
-Cortarme el pelo
-Hacer un cuaderno de viaje.
-Conocer gente de esa que echas de menos cuando no está.
-Hartarme del mar.
-Escribir una lista de cosas que hacer después del verano.


jueves, 23 de mayo de 2013

Frágiles - Zahara

Hay una chica que corre.

Antes de correr, era una chica que caminaba por la calle, tranquila, despacio, acariciando con la punta de los dedos la pared que pasaba a su izquierda, sonriendo sin querer, disfrutando del día que había decidido vivir.

Pero de pronto, corre. Corre esquivando peatones y cruzando semáforos en rojo. Corre sin mirar hacia donde corre, sin buscar nada. Sin huír de nada. Corre y no para. Normalmente la gente corre para huír de algo o para alcanzarlo. Corremos desde algo o hacia algo. Pero ella no. Ella simplemente avanza.

Corre como si no fuera a detenerse nunca.

Saúl la observa desde la ventana mientras escucha como su corazón se acompasa al de la chica que corre. Ha presenciado todo el proceso y ahora la ve correr con tantas ganas, derrochando tanto oxígeno, brillando con tanta fuerza, que no puede evitar desear alcanzarla.

Correr con ella y descubrir la ciudad a su paso. Subir cuestas al ritmo de sus pies, bajarlas dejando que el corazón se desboque y el pecho llore de emoción. Atravesar el mundo. Y no cansarse nunca.

Pero no lo hace. ¿Cómo va a hacerlo? No. Apoya la cabeza en el marco de la ventana y cuelga la mirada en ese punto inexacto del horizonte en el que la ciudad acaba y el universo comienza.

Y espera paciente a que la chica que corre desaparezca en su avance hacia el infinito. Escuchando correr a su corazón, que sueña que vuela.

domingo, 5 de mayo de 2013

Hasta que se acostumbre a la oscuridad - MClan

Empatía. Empatía es una palabra curiosa.

Empatía es comprender que cuando gritas a alguien, hay una persona que está siendo gritada. Empatía es comprender que cuando estás siendo gritado sin merecerlo, hay alguien que necesitaba gritar y no ha podido hacerlo frente a la persona adecuada. Y te ha tocado a ti ser empático.

Empatía es aceptar que todo el mundo, siempre, es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Y en base a esta máxima, empatía es no mirar feo a los desconocidos en el Metro, confiar en consejos ajenos y evitar pitar al coche que lleva media hora parado en la entrada de la rotonda.

Empatía es inventar escusas para los errores externos y evitarlas ante los internos. Empatía es tener una imaginación desbordante, una inocencia mayúscula y una confianza ciega en el ser humano.

Empatía es comprender que no soy el único ser sobre la Tierra, que no eres el único ser sobre la Tierra y que no somos, si seremos, ni hemos sido, los únicos seres sobre la Tierra.

Empatía es llorar cuando otros lloran, reir cuando otros ríen, sentir lo que otros sienten. Empatía es ese mensaje precioso que comparten todas las religiones. Ponerse en el lugar del otro. No hacer a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti.

Pero empatía quiere decir también algo mucho más precioso. Haz a los demás lo que te gusta que te hagan a ti. Sujeta la puerta al que va detrás, deja salir antes de entrar, di "qué bien lo has hecho", di "estoy orgullosa de ti", di "te quiero", no tires comida en el mismo planeta en el que otros seres humanos mueren de hambre, no hagas ruido mientras otros duermen, no andes por el medio de la acera, no te pares en el carril rápido de las escaleras mecánicas, di gracias, por favor, lo siento, buenos días, sonríe. Y si alguien no hace lo que te gustaría que hiciera, recuerda que es inocente hasta que se demuestre lo contrario, inventa mil excusas para él y sus errores.


Empatía. Todo eso quiere decir empatía, porque es una palabra increíble, pero no lo dice. Porque no existe. Es una palabra inventada, como centauro o democracia, que nació para nombrar algo que no hay, pero que molaría que hubiera. Pero estamos más cerca de que corran centauros por Sierra Nevada que de que empatía diga algo de todo eso que quiere decir. Y es una pena, porque el mundo con centauros sería curioso, pero con empatía sería perfecto.