jueves, 18 de septiembre de 2014

El gran salt - Manel

A veces tengo miedo. La mayoría de las veces, si te soy sincera.
A veces tengo miedo de la muerte, como supongo que a la mayoría de vosotros, pero sobre todo temo la vida. Mucho.
Me da miedo vivir.

Especialmente me da miedo la parte viva de la vida. La parte de la cuerda floja y el salto al vacío, la de los ojos cerrados y el equilibrio sobre la punta de un dedo. La de ahora o nunca. La de verdad.
Me da miedo vivir de verdad. Vivir de cara y con todas las consecuencias. Me da pánico.

Es profundamente triste eso.

Normalmente consigo esquivar ese miedo haciendo cosas poco valientes. Moviéndome en esa línea finísima entre la cobardía y la prudencia. Sonriendo pequeño y manteniendo siempre un pie en el suelo. Incluso cuando corro. Tuve que dejar de volar para conseguir esto último, pero no me importó. Creo que porque no me di cuenta de que había dejado de hacerlo. Porque olvidé que cuando más seguro te sientes es cuando estás jugando a todo o nada.

Así que hice el doctorado en empates, en tablas, en amistosos. Me especialicé en nada.
Y me iba bien.
Al menos, no notaba lo mal que me iba.

Hasta que llegaste tú.
Y sonreíste.


viernes, 5 de septiembre de 2014

Más de 100 mentiras - Joaquín Sabina

He encontrado esta lista en internet. Que está inspirada en otra lista que parece ser que está inspirada en una lista que hace Woody Allen en una película que no he visto. 
Y mira, a mí me gustan las listas. Mucho bastante.
Así que he hecho la mía

Cien razones por las que vivir
Dos puntos
  1. El olor a verano
  2. Los perros grandes
  3. Las gotas de lluvia que hacen carreras en los cristales del bus
  4. La sorprendente relación entre llamarse Joaquín y molar. (Joaquín Sabina, Joaquín Sorolla, Joaquín Rodrigo, Joaquín Reyes, Quim Gutierrez, Quino, Joaquín Blume)
  5. La Luna cuando sonríe como el gato de Alicia
  6. Los helicópteros, los aviones, el paracaídas, todos los intentos del hombre por volar
  7. La guitarra de "Recuerdos de la Alhambra" de Tárrega 
  8. El mar
  9. Los monos
  10. La gente que hace reír a otra gente
  11. Sacar la cabeza por la ventanilla, correr rápido, el viento en la cara.
  12. La berenjenas rellenas
  13. Creer que algún día todo será distinto a como es ahora
  14. Las personas con dilataciones. Mirar el mundo a través de sus orejas
  15. Jesse Owens, Mujica, Malala, Nelson Mandela, Vicente Ferrer
  16. Todo absolutamente todo lo que dibuja Hayao Miyazaki
  17. Caminar sin zapatos
  18. La música country
  19. La cantidad de gente distinta y lugares distintos que hay, y sus combinaciones
  20. Banksy

  21. Calçots con salsa romescu
  22. Imagine, de John Lennon
  23. Que tinguem sort, de Lluis Llach
  24. Aprender cosas
  25. El color amarillo
  26. El primer día de invierno que sale el sol
  27. Las personas que dedican su vida a mejorar la de los demás
  28. Las pecas
  29. Las abuelitas arrugadas, pequeñas y sonrientes
  30. Los niños felices
  31. Tiramisú
  32. Ana María Matute, con su cara de niña nerviosa, y su voz de anciana afable, suplicando "Si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado".
  33. El corazón. Esa máquina perfecta incansable e ingobernable que distribuye sangre por tu cuerpo constantemente para que tú puedas seguir haciendo tus cositas
  34. La gente con pelo afro y la gente calva
  35. Las acuarelas
  36. Cruzar dos miradas y una sonrisa con un desconocido
  37. Saber que existieron los dinosaurios y que puede, por qué no, que vuelvan algún día
  38. Los amigos
  39. Que alguien algún día lea lo que escribiste
  40. Llorar de la risa
  41. El Chico del Violín tocando esto
  42. El mundo después de limpiarse las gafas
  43. Esa gente que se tira a las vías a salvar a desconocidos anónimos
  44. El fuet
  45. Los malabaristas
  46. Jim Carrey
  47. La palabras cortas y las palabras muy largas. Combinarlas. Como hace un momento, fuet y malabaristas
  48. Macaco, el Niño de la Hipoteca, Bongo Botrako, las batukadas
  49. Los bolígrafos Pilot
  50. Las auroras boreales, las playas del caribe, los fiordos de Noruega, las Cataratas Victoria, imagino
  51. Los gorros de lana con pompón
  52. Un río muy frío al final de una cuesta muy larga en un día muy caluroso
  53. La fotografía, la pintura, la escritura, esa necesidad del hombre por representar el mundo
  54. Las sandías de gominola
  55. Abrazar
  56. Pasar horas y horas hablando. Con la espalda apoyada en la pared y los ojos en el suelo o en las estrellas. Que la Tierra gire y tú no tengas nada más importante que hacer que dejar pasar la vida.
  57. Comer lo que tú has cocinado
  58. Cuando hace mucho mucho viento, y si miras por la ventana es como si el mundo hubiera decidido empezar a girar millones de veces más rápido alrededor del Sol. De repente.
  59. Momo, Atreyu, Jim Bottom y Lucas el maquinista, el universo de Michael Ende
  60. Las galletas de la fortuna japonesas (o chinas ,ahora mismo no sé muy bien de dónde son)
  61. Cuando vas en tren y te cruzas con otro tren y si pegas la cara al cristal puedes ver la vida pasar ante tus ojos
  62. El primer día de pantalón corto
  63. La gente que cuando se despide dice "cuídate" o "suerte"
  64. Que nos dé asco comer saltamontes pero no langostinos
  65. Las plantas esas que si soplas puedes pedir deseos
  66. Las sámaras, semillas de nosequé árbol que vuelan como alas de helicóptero                               
  67. Que cada persona tenga una letra distinta pero todas se entiendan (más o menos)
  68. No tener alergia en primavera, que no te piquen los mosquitos en verano, no constiparse en invierno
  69. Que a alguien le suene el móvil y aún así prefiera escucharte a ti
  70. Ese dolor feliz que son las agujetas
  71. Ver una estrella fugaz a la vez que otra persona. Cuando los dos señaláis al cielo a la vez diciendo "mira"
  72. El olor a seco mojado
  73. Nessun dorma de Puccini, cantado por alguien que cante bien. Pero no necesariamente super bien, porque tampoco hace falta. Porque lo mágico de esta pieza son los violines del fondo.
  74. La tortilla de patatas con cebolla sin hacer del todo
  75. Cuando subes a un autobús que siempre va vacío y sabes que serás el único pasajero de la línea, y el conductor también lo sabe. Y es como si condujera (qué palabra más fea) sólo para ti
  76. Los cuentacuentos y los magos. Vivir un ratito en Fantasía
  77. Que después de un millón de años, el ser humano aún siga investigando sobre él mismo. Y que aún no tengamos ni idea. Lo complejísimos que somos
  78. La escena de la pelea de bolas de nieve en "La ladrona de libros" Y cuando Max sale a la calle en medio del bombardeo, jugándose la vida para ver las estrellas un ratito.
  79. "Ella era una ladrona de libros. 
    Él asaltaba el cielo"
  80. Los superhéroes
  81. Descubrir que tus ídolos son personas normales
  82. No madrugar
  83. Eternal sunshine of the spotless mind
  84. El té verde con hierbabuena ardiendo
  85. La Banda Sonora de Los Chicos del Coro
  86. Los villancicos y las canciones de campamento. Y las de misa. Sí.
  87. La coca-cola con hielo y limón, en un vaso y al sol. Y con calma
  88. El día que Eduard Punset dijo "el mayor científico de la actualidad es un señor que fue capaz de darse cuenta con solo miraros de que hay una gran diferencia entre vosotros, y los crustáceos" y yo estaba delante. No recuerdo cuál era la gran diferencia.
  89. Que haya seres humanos adultos capaces de creer que hay extraterrestres que visitan la Tierra pero no que Neil Amstrong llegara a pisar la Luna
  90. La lluvia. 
  91. Y la poesía que hay en el hecho de que "llorar y llover", "plorar i ploure" suenen tan parecidas. 
  92. Esa mezcla de miedo, nervios y alegría que aumenta a medida que se acerca un día importante.
  93. Los libros. Especialmente los que tienen historias dentro.
  94. Harry Potter.
  95. La musiquilla que silva el gallo de Robin Hood al principio de la película.
  96. El mango
  97. Las gaviotas.
  98. El poema precioso que Bernardo Atxaga escribió para ellas. 
  99. Pero su pequeño corazón 
    -que es el de los equilibristas-
     por nada suspira tanto
     como por esa lluvia tonta
     que casi siempre trae el viento,
     que casi siempre trae el sol.

  100. Viajar. Aunque sea a comprar el pan. 
  101. Poder llevar música por el mundo. Decidir la banda sonora de todos los momentos de tu vida.
  102. Ese día en el que te miras, y por un segundo insignificante de tu vida, parece que eres eso que soñaste de pequeño.

jueves, 31 de julio de 2014

No importa que llueva - Efecto Pasillo

tomarte tu trabajo tan en serio que llegues a dejar de dormir literalmente por él, esforzarte por hacer cada pequeña cosita que hagas lo mejor que puedas, y admitir que te equivocaste cuando lo hagas, pero también felicitar a quien lo hizo bien. Aprender a ser profesional.

el día que pasamos disfrazados de indios, desde que Ángel me bautizó en el desayuno como "Pelo de Nube" hasta que salió la Luna amarilla y redonda desde la orilla del lago en medio del silencio

ese momento en el que dejas de ser tú y te conviertes en monitora de alguien. La enorme responsabilidad de que alguien pequeñito dependa de ti, de ti que en el fondo tampoco eres tan grande. Cuando te cogen de la mano y te preguntan qué haremos mañana, cuando les abrazas porque no sabes muy bien cómo hacer que dejen de llorar, pero te duele que lo hagan, cuando les obligas a acabarse la lechuga, cuando te dicen que se han divertido contigo, cuando sabes que les echarás de menos.

disfrutar del aquí y el ahora de forma sencilla, sin filosofías baratas raras, simplemente viviendo, bailar, cantar, gritar y sonreír mucho, que no te avergüence ser feliz. Que te llene tanto lo que haces que no quieras dejar de hacerlo. Que vivas de lo que te hace latir. 

"si te gusta, no es trabajo" O algo así, eran las 2 de la mañana y tenía sueño. Pero Javi resumió lo que él pensaba de las cuerdas y de la vida en seis palabras y acertó bastante.

dicen que dicen y cuentan que cuentan que nunca se es suficientemente mayor como para dejar de escuchar cuentos antes de dormir, que siempre habrá un truco de magia que nos deje boquiabiertos y un juego de malabares que nuestros ojos no lleguen a comprender

"eres mágica" y sus pequeñas manitas sujetando la manualidad que le había ayudado a terminar, y sus ojos azules fijos en los míos y su sonrisa bañada de admiración. 

que nunca sobran los abrazos, que siempre hay tiempo para sentarse en el suelo con la espalda en la pared a escuchar al otro, que el miedo a la oscuridad es realmente pánico a la soledad

enseñar a 250 futuros adultos que Colón no descubrió América sino que llegó a ella, que no les enseñó a hablar y a escribir, sino a hablar y a escribir en castellano, que la historia no es de quien la hace sino de quien la cuenta. Y que la gente que tienes alrededor esté de acuerdo en que es  importante enseñarles eso. 

y que el cuento del príncipe y el mendigo acabe con un príncipe que abdica y un mendigo presidente de la República. Y que diga Mark Twain lo que le de la gana, si quiere.

la noche que fui Rolanda Hooch, profesora de vuelo, el día que fui Peumayén, guerrera de la tribu Quetzal, la mañana que fui Afrodita, diosa griega de la belleza, el ratito que fui Justo, el hijo del príncipe de "El Príncipe y el Mendigo", la hora y media que fui el viento, sin más, el día entero que fui "Pelo de Nube". Disfrazarse y dejar de ser un ratito tú, o al menos intentarlo.

es cierto que cada uno tenemos nuestro pequeño don. Que cada niño tiene una inteligencia única en algo. No he visto a nadie coger bichos como Saúl, a nadie explicar el mundo tan sencillo como Dani, a nadie sonreír tan pequeñito como Aitana, a nadie que adivinara mi estado de ánimo como Victor, bondad como la de Bosco,energía como la de Adrián, imaginación como la de Ángel, libertad como la de Nahia. Tampoco conozco muchos que recorten y pinten peor que ellos.

que alguien te acoja y te cuide y te enseñe. Porque sí. Sin que se lo hayas pedido, sin esperar ni recibir nada a cambio. Que tras cada error tuyo, vuelva a explicarte las cosas. Sin dejar de sonreír en quince días. Que se esfuercen al máximo en que tú seas feliz con ellos. La descripción del equipo perfecto. Gracias Javi, gracias Ainhoa, gracias Joze, gracias Miguel. Gracias David.

que ocho pequeñas confíen en ti tanto como si fueras su madre, su profe, su hermana, su amiga y su todo desde el primer día. Que esperen despiertas a que les des las buenas noches, que se hagan las dormidas hasta que llegues tú a despertarlas, que te quieran. Sólo porque has tenido la suerte de ser su monitora de habitación.

que no importa que llueva, si estoy cerca de ti.

No sé si es la canción del verano, pero era la canción del campamento

domingo, 29 de junio de 2014

Diggin' in the sand - Josh Rouse


Como marca la tradición, cosas que quiero hacer este verano:

-Despedirme
-Demostrarme que puedo llegar a ser una buena monitora
-Meter en dos maletas de no más de 20 kilos cosas para 6 meses de vida
-Hacer la memoria de las prácticas
-Dibujar en la mesa
-Hacer pompas de jabón gigantes
-Ir al zoo
-Teñir camisetas
-Mar
-Asumir que tengo 20 años
-Organizar un poquito la vida de Abril, Saúl y Julio
-Llenar el mp3 de la música que me gusta y sacar de ahí la que siempre paso
-Dejar de morderme las uñas (no fracasas hasta que dejas de intentarlo)
-Dormir bajo las estrellas
-Comer tomates de la huerta de mi hermano, y moras de la de mi abuelo
-Ver la última de X-Men
-Acabar de leer "El atlas de las nubes"
-Coger un vuelo a Sofía


jueves, 29 de mayo de 2014

The wrestler (BSO) - Bruce Springsteen

Es curioso. El ser humano se encoge cuando envejece.
Llegados a una edad, arrugamos la piel, cerramos los ojos, encogemos los hombros y nos hacemos pequeñitos. Justo cuando más mayores somos. Somos graciosas las personas.

Hace poco vi a una mujer que se había encogido tanto, era tan diminuta, tan arrugadita, que debía de ser muy mayor. Heróicamente vieja. Tan vieja como quiero ser yo algún día. Infinita.
Era una mujer infinitamente arrugada que caminaba con pasitos muy pequeños y las manos en la espalda. Me fascina la gente que lleva las manos en la espalda cuando pasea. Sería largo explicar por qué, pero no creo que sea necesario. Volvamos a la mujer infinita.

Caminaba como Casiopea, con esa tranquilidad que tanto le costaba comprender a Momo. Eternamente sin pausa. Eternamente perseguida por los hombres grises. Inalcanzable. Inmortal.

Ella caminaba y el mundo rugía a su alrededor. No diré que el cielo se cubrió de nubes y que rayos y centellas cruzaron el horizonte, por queno fue así, pero hacía frío. Frío y viento y empezaba a chispear. Hacía eso que los vascos en su poesía cotidiana dieron a llamar txirimiri.

Hacía viento y las ramas de los árboles se agitaban y la humanidad corría a resguardarse. Y ella. Ella se paró en frente de una valla de metal, metió la mano entre los barrotes y empezó a lanzarle trocitos de mortadela de aceitunas a un gato pequeño y sucio. Mientras decía "corre, pequeñito que hace frío".

Creo que si el universo no explotó aquel día, fue gracias a ella. A ella, que resistió en medio del frío de un Mayo extrañamente lluvioso para dar de comer a un gato callejero pequeñito. Que se paró y vigiló que se lo comiera todo, que después le acompañó hasta un soportal para que no se mojara. A ella que era tan inmensamente pequeña que era enorme.

Quizá el mundo se mantenga en pie tan a duras penas porque cada vez hay menos personas que caminan con las manos en las espalda. Quizá el mundo necesite más abuelas paseando a pasitos cortos y menos rescates financieros. Quizá deberíamos dejar de escondernos de la lluvia y empezar a alimentar a los gatos callejeros. No lo sé. Sé pocas cosas yo.

Pero a mí me hizo llorar. En silencio y flojito y sin dejar de mirarla. En medio de Madrid, en un barrio que no es el mío y que me agobia de día y me asusta de noche. En una ciudad sin mar. En un mes de Mayo inevitablemente lluvioso.
Delante de un gato callejero pequeño y sucio que roía pedacitos de mortadela de aceitunas.


martes, 20 de mayo de 2014


He visto un graffiti que decía GRITE en letras mayúsculas rojas muy grandes. Tan grandes que había una puerta entre la R y la I. El graffiti era superior a puertas y ventanas, inmune a los accidentes mundanos de la fachada que habitaba.
No sé, me ha gustado.

GRITE.

Es una orden directa y quizás un poco amenazante, pero, ojo, es una orden en usted. Usted, GRITE.

Usted, señor elegante, serio y respetable. Usted, señor muy bien afeitado con gabardina gris. Usted, ejecutiva con tacones.

GRITE. Pero no grite tímidamente, no grite por no estar callado, no grite con la boca pequeña, si es que es posible gritar así. No, oiga. Grite en letras rojas mayúsculas. Grite con una puerta abierta entre la R y la I. Grite hasta que su grito se pegue en la fachada de la casa del vecino. Haga que él grite también.
Grítele grite.

Griten, por favor. A ver si así cambiamos algo un poco.


Imagen de Álvaro Minguito (@AlvaroMin). 

 Señor trajeado que pasea perrito y observa atónito a los antidisturbios, grite.




miércoles, 9 de abril de 2014

Seguirem somiant - Sopa de cabra

He soñado que viajábamos a la ciudad en la que se encuentra el único lugar del mundo donde venden tiempo. Era una ciudad ruidosa y oscura en la que supongo que será siempre de noche. Yo pegaba la cara al cristal que estaba frío y nublado y sonreía un poco. La verdad es que tú no sé qué hacías porque no apareces hasta dentro de bastante, lo siento.

Llegaba a un edificio alto, grande. En el centro de una plaza por la que no dejaban de pasar coches rojos. Entraba por el sótano, cuyas bombillas no dejaban de parpadear. Aún siguen.

Y subíamos escaleras y escaleras. Había laberintos de estanterías en cada planta con los artículos más lujosos del planeta. Y niños pequeños delgadísimos y serios con la mano extendida pidiendo algo de comer. Recuerdo que se agarraban a nuestros pies y tú (mira, aquí ya estabas, ¿cuándo has llegado?) los mirabas con tristeza y me decías "aquí la vida es así". Yo me esforzaba por no llorar pero no lo conseguía.

Y entonces, llegábamos. La planta más alta del edificio más alto del mundo. Tú y yo delante de una puerta azúl metálico. Y un hombre negro en la puerta, que cruzaba los brazos y cerraba los ojos. Peleábamos con él pero no se movía. Nada, ni un poquito. Yo le tiraba cosas, tú gritabas y agitabas los brazos, nunca te he visto tan enfadado. Al final nos dábamos la vuelta y empezábamos a bajar las escaleras.

Después estabas en la ventana apoyado, mirando hacia abajo y decías "he gastado todo mi tiempo en venir hasta aquí, ya no podemos hacer nada". Yo no quería entenderlo pero lo entendía. Te preguntaba ¿estoy sola? y tú me mirabas y asentías.

Y entonces caías hacia abajo. De espaldas, mirando al cielo, desde el infierno más alto del mundo. No llorabas nada. Solo caías.

El hombre negro abría los ojos y sonreía.


Ya está, eso es todo. Después me desperté.
Y cuando conseguí recuperar el aliento, busqué tu teléfono. Y ahora estoy luchando contra mi miedo a la voz metálica para llamarte.
Cógelo, por favor.

Dime que aún tenemos tiempo.