Se para el mundo y, a veces, pasa un tractor por delante de la ventana, y detrás de él, ajenas a mí, a mi examen y, desde luego, al Barça, las ovejas.
sábado, 14 de abril de 2012
Quiet Town - Josh Rouse
Creo que lo que más me gusta del lugar del mundo donde vivo es que, de vez en cuando y sin previo aviso, se para el mundo, y ya no tengo examen mañana, ya no juega el Barça el domingo, ya no he discutido con mi hermano, ya no he perdido el móvil, ya no tengo sueño, ni frío , ni hambre.
Se para el mundo y, a veces, pasa un tractor por delante de la ventana, y detrás de él, ajenas a mí, a mi examen y, desde luego, al Barça, las ovejas.
Se para el mundo y, a veces, pasa un tractor por delante de la ventana, y detrás de él, ajenas a mí, a mi examen y, desde luego, al Barça, las ovejas.
lunes, 9 de abril de 2012
Keep me in your heart for a while - Warren Zevon
Relaciones. El ser humano relaciona conceptos continuamente. Une unas ideas a otras sin cesar, creando cadenas infinitas en las que almacena todo su conocimiento. Relaciones que nos permiten aprender y recordar. Relaciones que nos permiten relacionarnos.
Relacionas al de sociales con Ismael Serrano, a tu mejor amigo con Amaia Montero y a tu tío con los Mojinos Escozios.Y etcétera etcétera. Sin darte cuenta unes cada una de las personas que conoces con cada una de las canciones que te gustan. Pero no te quedas ahí. Ni mucho menos.
Relacionas el chubasquero rojo de tu padre que te queda enorme con el chico mayor con el que compartiste una tarde lluviosa de atletismo, las amapolas con el pueblo minúsculo que tienes en León, las croquetas con tu abuela , los cacahuetes con ese viaje que te marcó para siempre, y el mar... el mar lo cargas de vacaciones, de infancia, de juguetes y joguinas, de sal, de sol y de sonrisas. A tu cerebro le gusta, le encanta el juego y continúa.
Y así es como ajedrez es sinónimo de abuelo Antonio, mientras que higos y tomates significan abuelo Toñín. Porque ajedrez significa urbano y tomates solo puede significar rural. Así es como el 85% de tu vida se puede resumir en las palabras Harry y Potter. Dos palabras, que podriamos desarrollar un pelín más si dijésemos Ana, Teresa, Helena, Doraemon, Novita, TJ, Spinelli, Gus, Bins, Phineas y Ferb. Dos palabras que incluso podríamos sustituir por una, Marina. Porque tu nombre también es una relación de conceptos, la mayor de todas. La más importante.
Botones, plastidecor, renacuajos, escayola, chupa-chups de yogurt de fresa. Relaciones que te permiten recordar, relaciones que no te dejan olvidar. Relaciones.
Relacionas al de sociales con Ismael Serrano, a tu mejor amigo con Amaia Montero y a tu tío con los Mojinos Escozios.Y etcétera etcétera. Sin darte cuenta unes cada una de las personas que conoces con cada una de las canciones que te gustan. Pero no te quedas ahí. Ni mucho menos.
Relacionas el chubasquero rojo de tu padre que te queda enorme con el chico mayor con el que compartiste una tarde lluviosa de atletismo, las amapolas con el pueblo minúsculo que tienes en León, las croquetas con tu abuela , los cacahuetes con ese viaje que te marcó para siempre, y el mar... el mar lo cargas de vacaciones, de infancia, de juguetes y joguinas, de sal, de sol y de sonrisas. A tu cerebro le gusta, le encanta el juego y continúa.
Y así es como ajedrez es sinónimo de abuelo Antonio, mientras que higos y tomates significan abuelo Toñín. Porque ajedrez significa urbano y tomates solo puede significar rural. Así es como el 85% de tu vida se puede resumir en las palabras Harry y Potter. Dos palabras, que podriamos desarrollar un pelín más si dijésemos Ana, Teresa, Helena, Doraemon, Novita, TJ, Spinelli, Gus, Bins, Phineas y Ferb. Dos palabras que incluso podríamos sustituir por una, Marina. Porque tu nombre también es una relación de conceptos, la mayor de todas. La más importante.
Botones, plastidecor, renacuajos, escayola, chupa-chups de yogurt de fresa. Relaciones que te permiten recordar, relaciones que no te dejan olvidar. Relaciones.
martes, 27 de marzo de 2012
Dias extraños - Nacho Vegas
Hay días en los que te cuesta todo, hasta abrir los ojos al despertar. Días en los que las sábanas pesan, el colchón se hunde lentamente y el sol martillea en tu cabeza mientras tú descubres que en algún momento de la noche, un pedacito minúsculo de tu alma ha quedado enterrado bajo tierra.
Y es ese pedacito, ínfimo y diminuto, el que hace que sean días en los que todo se cae, todo se pierde, el mando de la televisión no funciona y el autobús se retrasa más de lo normal. Días en los que te pica todo, especialmente ese punto inexistente de la espalda que no te puedes rascar.
Todos tenemos días de esos. Podemos olvidarlos o recordarlos eternamente, podemos hacer todo lo posible para pasar por ellos de puntillas, casi sin notarlos y sin que ellos nos noten, o podemos regodearnos en ellos, alargándolos al máximo para utilizarlos después como excusa para todos y cada uno de nuestros errores.
Pero no podemos evitarlos. Aunque te parezca imposible, aunque seas optimista, feliz y ecológicamente solidario. El destino tiene un puñado de días grises guardados para ti. Y llegarán, hagas lo que hagas para sortearlos, llegarán. Y tú tendrás que vivirlos. Mentalízate.
Y es ese pedacito, ínfimo y diminuto, el que hace que sean días en los que todo se cae, todo se pierde, el mando de la televisión no funciona y el autobús se retrasa más de lo normal. Días en los que te pica todo, especialmente ese punto inexistente de la espalda que no te puedes rascar.
Todos tenemos días de esos. Podemos olvidarlos o recordarlos eternamente, podemos hacer todo lo posible para pasar por ellos de puntillas, casi sin notarlos y sin que ellos nos noten, o podemos regodearnos en ellos, alargándolos al máximo para utilizarlos después como excusa para todos y cada uno de nuestros errores.
Pero no podemos evitarlos. Aunque te parezca imposible, aunque seas optimista, feliz y ecológicamente solidario. El destino tiene un puñado de días grises guardados para ti. Y llegarán, hagas lo que hagas para sortearlos, llegarán. Y tú tendrás que vivirlos. Mentalízate.
martes, 20 de marzo de 2012
Vals en La Menor - Chopin
Es rubio, pequeño y lleva gafitas rojas.Tiene 7, 8 ,9 o 10 años. No soy nada buena adivinando las edades de los niños, pero no importa. Irrumpe en la sala donde yo me peleo con el desecho de piano que la escuela nos presta para practicar antes del examen. Se sube las gafas, respira, respira, se sube las gafas, y me mira.
Me dice que tiene clase, le digo que yo también tengo clase. Me mira, se sube las gafas.
Me hace gracia porque se parece a mi cuando tenía su edad (sea la que sea). Sonrío y le explico el protocolo de exámenes. De pronto se acuerda, los nervios, me dice. A mí también me pasaba eso.
Le pregunto qué es lo que va a tocar, me enseña el libro. Es una de esas que todo estudiante de piano ha tocado alguna vez en su vida.Es una partitura fácil, pero un poco aburrida, le digo. Él me responde que va a tocar otra más bonita. Que la va a tocar de memoria.
Hay dos clases de genios en la Escuela. Los que tocan más de una canción en el examen y los que tocan de memoria. Se lo digo y se ríe y se sube las gafas. Me cae bien
Me pregunta si quiero escucharla. Claro que quiero.
Es una canción normalilla. Bonita pero simple, un pelín repetitiva, cortita y con una armonía algo insulsa. Le digo que está bien y le pregunto de quien es.
Es suya. La ha inventado él. Él, que tiene 7, 8, 9 o 10 años.
No sé que decirle, así que le digo lo que voy a tocar yo. Me pide que la toque. La toco. Me equivoco más de 15 veces, mínimo. Él se ríe un poquito y me desea suerte para el examen. Que cara tiene.
Entro en la sala en la que él se pelea con la bazofia de piano que la escuela nos deja para practicar antes del examen a buscar el abrigo. Me pregunta qué tal. Mal, le digo. No pasa nada, dice. Y yo me subo las gafas.
Antes de irme, me pide que le deje la partitura, para sacar una fotocopia. Para cuando pueda tocarla. Le digo que cuando él toque así no necesitará fotocopiar partituras porque compondrá mejor que Chopin.
Mejor que Chopin nunca, me dice mientras entra en la sala del examen. Toca la partitura aburrida, y luego la suya. No se equivoca ni una sola vez. No habla. Se sienta, toca, se levanta y sale por la puerta con una sonrisa triunfante. Mejor que Chopin y que Mozart y que quien tú quieras, Adri.
Me dice que tiene clase, le digo que yo también tengo clase. Me mira, se sube las gafas.
Me hace gracia porque se parece a mi cuando tenía su edad (sea la que sea). Sonrío y le explico el protocolo de exámenes. De pronto se acuerda, los nervios, me dice. A mí también me pasaba eso.
Le pregunto qué es lo que va a tocar, me enseña el libro. Es una de esas que todo estudiante de piano ha tocado alguna vez en su vida.Es una partitura fácil, pero un poco aburrida, le digo. Él me responde que va a tocar otra más bonita. Que la va a tocar de memoria.
Hay dos clases de genios en la Escuela. Los que tocan más de una canción en el examen y los que tocan de memoria. Se lo digo y se ríe y se sube las gafas. Me cae bien
Me pregunta si quiero escucharla. Claro que quiero.
Es una canción normalilla. Bonita pero simple, un pelín repetitiva, cortita y con una armonía algo insulsa. Le digo que está bien y le pregunto de quien es.
Es suya. La ha inventado él. Él, que tiene 7, 8, 9 o 10 años.
No sé que decirle, así que le digo lo que voy a tocar yo. Me pide que la toque. La toco. Me equivoco más de 15 veces, mínimo. Él se ríe un poquito y me desea suerte para el examen. Que cara tiene.
Entro en la sala en la que él se pelea con la bazofia de piano que la escuela nos deja para practicar antes del examen a buscar el abrigo. Me pregunta qué tal. Mal, le digo. No pasa nada, dice. Y yo me subo las gafas.
Antes de irme, me pide que le deje la partitura, para sacar una fotocopia. Para cuando pueda tocarla. Le digo que cuando él toque así no necesitará fotocopiar partituras porque compondrá mejor que Chopin.
Mejor que Chopin nunca, me dice mientras entra en la sala del examen. Toca la partitura aburrida, y luego la suya. No se equivoca ni una sola vez. No habla. Se sienta, toca, se levanta y sale por la puerta con una sonrisa triunfante. Mejor que Chopin y que Mozart y que quien tú quieras, Adri.
viernes, 9 de marzo de 2012
Get happy - Judy Garland
-¿De qué te ríes?
-¿Yo?
-No, yo
-Tú no te estás riendo...
-¡Tú!, ¿De qué te ries, tú?
-¿Yo? De nada
-¿Pues sabes que son los que se ríen de nada?
-Felices
- ...
- :)
-Molas
-¿Yo?
-No, yo
-Tú no te estás riendo...
-¡Tú!, ¿De qué te ries, tú?
-¿Yo? De nada
-¿Pues sabes que son los que se ríen de nada?
-Felices
- ...
- :)
-Molas
jueves, 16 de febrero de 2012
Teardrop - Massive Attack
Yo empecé a ver House cuando tenía 12 años. Cuando tenía 12 años escuchaba el Canto del Loco y Amaral, hacía atletismo, escribía un diario (que NO se llamaba Mi Diario ) y soñaba a partes iguales con participar en las Olimpiadas de 2012 y recibir una carta de Hogwarts.
Ahora tengo 17. Con 17 años y una forma física semi-pasable ya no se sueña con lo mismo que con 12. Sé que no llegará nunca una carta firmada por la pluma verde de Albus, sueño con ver la carrera de 100m desde la grada en las Olimpiadas de Londres y ya no sigo a Dani Martín sino a su primo que es mucho más indie.
Podría haberme convertido en una believer loca, en una friki (no confundir con freak, porque eso sí lo soy ), en una atleta de élite o en una lectora voraz de libros de la calidad literaria de Crepúsculo o la saga "quiero casarme contigo" ( Perdona, pero quiero casarme contigo.... ¿Sabes que quiero casarme contigo?.... No sé si te lo he dicho ya pero quiero casarme contigo, etc etc etc ). Pero no lo soy. Me salvó House.
En medio de todo eso que yo amaba apareció un señor medio cojo, gruñón, desaliñado y amargado, que tenía, como la tónica que él anunciaba, un punto amargo. Pero que (igual que la tónica) también era sexy.
Un señor irónico, sarcástico y sagaz. Ágil, inteligente y músico. Un señor que, pese a tener aspecto de perro callejero, hacía que no me importara dormir poco los martes y llegar tarde a clase los miércoles por la mañana.
Ahora, tengo 17 años y House se acaba. El final de House se une al estreno de la última película de Harry Potter, la separación de El Canto del Loco, y el hecho de que Madrid consiga antes una JMJ que las olimpiadas.
No sé si esto que me pasa es madurar, si estoy cruzando esa línea (gruesa) que separa la infancia de la adolescencia, o la adolescencia de la juventud o no tiene nada que ver con todo esto.
Solo se que hoy estrenan el primer capítulo de la última temporada de House, la serie que me ha ayudado a convertirme en lo que soy. Y voy a verlo.
Ahora tengo 17. Con 17 años y una forma física semi-pasable ya no se sueña con lo mismo que con 12. Sé que no llegará nunca una carta firmada por la pluma verde de Albus, sueño con ver la carrera de 100m desde la grada en las Olimpiadas de Londres y ya no sigo a Dani Martín sino a su primo que es mucho más indie.
Podría haberme convertido en una believer loca, en una friki (no confundir con freak, porque eso sí lo soy ), en una atleta de élite o en una lectora voraz de libros de la calidad literaria de Crepúsculo o la saga "quiero casarme contigo" ( Perdona, pero quiero casarme contigo.... ¿Sabes que quiero casarme contigo?.... No sé si te lo he dicho ya pero quiero casarme contigo, etc etc etc ). Pero no lo soy. Me salvó House.
En medio de todo eso que yo amaba apareció un señor medio cojo, gruñón, desaliñado y amargado, que tenía, como la tónica que él anunciaba, un punto amargo. Pero que (igual que la tónica) también era sexy.
Un señor irónico, sarcástico y sagaz. Ágil, inteligente y músico. Un señor que, pese a tener aspecto de perro callejero, hacía que no me importara dormir poco los martes y llegar tarde a clase los miércoles por la mañana.
Ahora, tengo 17 años y House se acaba. El final de House se une al estreno de la última película de Harry Potter, la separación de El Canto del Loco, y el hecho de que Madrid consiga antes una JMJ que las olimpiadas.
No sé si esto que me pasa es madurar, si estoy cruzando esa línea (gruesa) que separa la infancia de la adolescencia, o la adolescencia de la juventud o no tiene nada que ver con todo esto.
Solo se que hoy estrenan el primer capítulo de la última temporada de House, la serie que me ha ayudado a convertirme en lo que soy. Y voy a verlo.
martes, 14 de febrero de 2012
Sense tu - Teràpia de Shock
No tener abuela no es solo no tener nadie que te diga lo guapa, lo lista y lo alta que eres.
No tener abuela es no tener cocido, pasteles, torrijas o croquetas. Es dormir en el saco sábana que ella cosió para ti y sentir que el mundo ha perdido a la mejor costurera de la historia.
No tener abuela es no tener arrugas, ni canas, ni voz suave. Ni ojos cansados. Es no tener a nadie que te coja del brazo mientras camina. No tener abuela es no tener compañera para jugar a la brisca, es dejar de perder al chinchón.
No tener abuela no es solo dejar de ir a misa los domingos, también es heredar una colección completa de zarzuelas y no tener con quien escucharlas. No tener abuela es no tener nadie que te arrope por las noches, nadie que se quede despierto hasta que tú dejes de toser, nadie que te cuente como era el mundo cuando tú aun no existías, nadie a quien explicarle como usar el móvil. Nadie que te explique como usar la vida.
No tener abuela es no tener cocido, pasteles, torrijas o croquetas. Es dormir en el saco sábana que ella cosió para ti y sentir que el mundo ha perdido a la mejor costurera de la historia.
No tener abuela es no tener arrugas, ni canas, ni voz suave. Ni ojos cansados. Es no tener a nadie que te coja del brazo mientras camina. No tener abuela es no tener compañera para jugar a la brisca, es dejar de perder al chinchón.
No tener abuela no es solo dejar de ir a misa los domingos, también es heredar una colección completa de zarzuelas y no tener con quien escucharlas. No tener abuela es no tener nadie que te arrope por las noches, nadie que se quede despierto hasta que tú dejes de toser, nadie que te cuente como era el mundo cuando tú aun no existías, nadie a quien explicarle como usar el móvil. Nadie que te explique como usar la vida.
No tener abuela es no tener historia, no tener pasado, no tener nadie que rece por ti.
No tener abuela es dejar de ser una nieta. Y dejar de ser nieta, dejar de ser "la de Milagros", eso, es mucho más que no tener abuela. Es haber perdido parte de mi esencia.
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